Añoro el tener una familia. Hecho en falta el hecho de entrar en una casa llena de cariño y cuando tienes un hogar al que siempre poder volver y ser recibido con los brazos abiertos pase el tiempo que pase. Ya no hay brazos. Ya no hay personas. Ya no hay familia. Ya no hay cariño. No existe lugar al que querer volver, solo del que querer escapar. Está todo perdido. solo me queda recordar lo que tuve o al menos intentaron aparentar para mí. He crecido, ya no hace falta interpretar. No quedan intereses para dar motivos a un segundo acto, el final ya ha sido escrito y representado. Era feliz con esa mentira. Me gusta mantener la esperanza de que algún día fue real. Tal vez algunas partes. No obstante. suceden muchas cosas detrás en los vestidores, lo que el público no ve. Lo descubrí todo, Todo lo que estaba oculto, toda la frialdad que era superpuesta por capas y capas de falsa calidez. Era muy bonito vivir esa patraña, yo no sabía que lo era y por lo tanto era dichosa. Una vez descubierta no hubo que simular más y la función se acabó. Me apetece sentir afecto aunque no lo haya, deseo la sensación que me provocaba.
Pretendo que todo sea igual que antes pero los actores han dimitido. lo peor es que yo me he transformado en suplente y les dirijo sonrisas hipócritas con la única intención de volver a ser la candorosa y boyante espectadora de nuevo. Así que finalmente la obra es continuada por una sola actriz, yo. Sola en el escenario y en la sala entera de teatro. Interpretando frente a un espejo con un guión que ha ido evolucionando hasta tener como tema la melancolía y la tristeza.
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